jueves, 20 de octubre de 2016

Del uso y abuso de la histerectomía o sobre cómo las modas influyen en la práctica médica

Corriendo en busca de la hemoglobina perdida 


Mantengo fresco el recuerdo del último día que salí a correr, un domingo por la mañana de la primavera pasada. Después de un comienzo de año difícil no estaba en mi mejor momento de forma; llevaba meses con problemas de salud que, hasta ese momento, estaba segura de poder controlar. Ese día en concreto me sentía débil y a la vez eufórica; es lo que tienen las endorfinas producidas durante el ejercicio. Corría descalza cuando me encontré a mi hermano, que también corría sin zapatillas, y compartimos unos minutos de conversación y zancadas antes de despedirnos porque él acababa su entreno mientras que yo apenas empezaba el mío. Guardo el recuerdo de ese día porque desde entonces no he podido volver a correr. Esa misma noche tuve una hemorragia importante que hizo que durante unos segundos perdiera la conciencia y me desplomará en el suelo. 


Hoy, más de 5 meses después, me encuentro aquí dispuesta a escribir un post diferente en el que no me centraré en el running ni en la alimentación, pero en el que sí que hablaré de salud, o más bien de la falta de ella, y también de ejercicio físico aunque de un modo diferente a como lo he hecho hasta ahora. 

domingo, 2 de octubre de 2016

Sobre prejuicios, barefoot-minimalismo y técnica de carrera

Dice Wikipedia que “un prejuicio es el proceso de formación de un juicio sobre alguna cosa de manera anticipada.” A pesar de su mala fama los prejuicios a veces resultan útiles para el día a día. En todo caso, útiles o no, son inevitables. Todos tenemos prejuicios normalmente sin ser conscientes de ello lo que hace que no los reconozcamos. Lo cierto es que, lo sepamos o no, los prejuicios configuran nuestra visión del mundo y por ello nos aferramos a ellos con gran fuerza. 

Los prejuicios son culpables de que en ocasiones ante la misma situación dos personas vean cosas diferentes. A veces pasa que ambas personas tienen razón porque su divergencia se debe al hecho de haberse fijado en aspectos diferentes del mismo asunto pero eso no significa que vaya a ser posible el consenso. 

Hace unos días se estableció un pequeño debate en Twitter a propósito de este artículo en el que su autor, Rubén Sánchez-Gómez, resumía y daba su opinión sobre el estudio “Effect of Minimalist Footwear on Running Efficiency: A Randomized Crossover”, que en español se traduciría por algo así como “Efectos del calzado minimalista en la eficiencia de la carrera: Un estudio aleatorio transversal”. Fue un debate limitado, sobre todo por la restricción de caracteres de Twitter, pero también muy interesante por varios motivos que van más allá de la discrepancia de opiniones entre los diferentes actores. El debate se inició a partir de la interpretación que del estudio hace Rubén Sánchez Gómez, interpretación de la que discreparon otras personas entre las que me incluyo. Un mismo texto, diferentes lecturas desde diferentes universos vitales… Y como resultado interpretaciones diametralmente opuestas. Prejuicios en acción. 

lunes, 5 de septiembre de 2016

Cuando en mi jardín sólo crecen limones, yo piso piedras

Abro los ojos por primera vez en mucho tiempo y todo es parecido a como era antes pero más lento. Dejé de correr hace meses y no alcanzo a ver cuándo podré volver a hacerlo. La enfermedad es una invitada molesta que no avisa antes de aparecer cargada con su equipaje de pesar. 

Después de muchos meses transitando los caminos del dolor descubrí que a veces la paciencia y la voluntad no sirven. Cuando te quedas sin plan B, el plan C del cirujano no parece tan malo. Cuando los planes de futuro se quedan en el pasado y el ahora es lo único que tienes, cada día se convierte en un objetivo en sí mismo. 

Tras meses sin poder correr ahora vuelvo a recuperar el control de mi cuerpo y mis pies descalzos vuelven a ensuciarse caminando. 



Si la vida me da limones debería hacer limonada, pero he preferido beberme el zumo de los limones sin endulzar mientras aprendo a disfrutar caminando descalza. Sé que el momento de volver a correr llegará pero no tengo prisa.

viernes, 13 de mayo de 2016

Y si llueve dentro…

Hace unos meses compré por internet una chaqueta impermeable y transpirable. Azul.

Hace un tiempo salí a correr bajo la lluvia por el monte con mi chaqueta azul y los pies descalzos. 

En el momento en el que más disfrutaba de las sensaciones que me aportaba el suelo blando y mojado algo se clavó en mi pie y el barro se volvió rojo, sólo un poco rojo. Tenía clavada una pequeña rama con grandes espinas. Al sacarla todo volvió a estar bien. 

Seguí corriendo y llegué a casa con una nueva aventura más que contar. Mis pies eran invencibles y las piernas comenzaban a sentir que también lo eran. 

Pasaron los días y dejó de llover. Pasó también el invierno seco y estéril, sin frío. Y llegaron los días en los que el sol gana y las noches menguan y con ellos volvió la lluvia. 

Hoy tengo una chaqueta azul impermeable y transpirable guardada en un cajón. Llueve a mares pero no me la pondré porque sé que no podrá protegerme. 

A veces la lluvia moja por dentro y el azul se vuelve rojo. A veces, sólo a veces, la lluvia moja demasiado y las chaquetas impermeables no sirven. 

martes, 12 de enero de 2016

2015, cuando me hice mayor

Campanadas, sonrisas y buenos deseos. Estrenamos nuevo año mientras el eco de los sonidos de 2015 todavía resuena en mi cabeza. 

2015 fue un año tímido, sin el fulgor deslumbrante de su antecesor 2014, año en el que conseguí, por ejemplo, correr mi primera ultramaratón de montaña calzada… con sandalias, por supuesto. No recuerdo grandes gestas deportivas en el año que acaba de terminar y en cambio pienso que ha sido un año de gran importancia en mi vida. 



viernes, 6 de noviembre de 2015

Cuando Segorbe se convirtió en la capital del descalcismo

I Trofeo Descalcista de Segorbe 

El pasado 11 de octubre se celebró el Primer Trofeo Internacional Descalcista de Segorbe. Un evento singular que llevó a 100 atletas adultos y 15 niños a la línea de salida para participar en un acontecimiento que sí, fue una competición atlética, pero también una fiesta del descalcismo. Fue organizada de manera impecable por el club de atletismo Saltamontes junto con la inestimable colaboración y respaldo del resto de la población de Segorbe que durante todo el fin de semana no dejó de dar muestras de su amabilidad a todos los que allí nos congregamos. A aquellos que no pudieron asistir y quieran saber más sobre lo que allí pasó les recomiendo que lean la crónica escrita por Emilio Sáez Soro, el principal impulsor de la iniciativa, porque en ella hace un buen resumen del fin de semana. Las líneas que vienen a continuación forman parte también de una crónica, mi crónica: una visión personal y subjetiva de lo sucedido en esos días en los que Segorbe se convirtió en la capital del descalcismo. 



sábado, 5 de septiembre de 2015

¿Nos vemos en Segorbe?

Subir una montaña. Caminar. Correr un trecho del camino. Son cosas que los humanos hacemos desde que somos humanos sea lo que sea que eso signifique. La evolución nos dotó de las herramientas adecuadas para desplazarnos sobre nuestras piernas recorriendo grandes trechos y, sin embargo, a diario sigo respondiendo la misma pregunta: ¿Por qué corres descalza? 

No es una pregunta que me moleste pero a veces pienso que por muchas palabras que gaste en dar explicaciones seguiré sin conseguir hacerme entender del todo. Caminar erguidos es algo propio de los humanos, pero entender que somos capaces de hacerlo descalzos es algo que va más allá. Todos los animales podemos ir descalzos. La mayoría de los humanos elegimos proteger nuestros pies de la abrasión, el frío o el calor y también podemos optar por vestir y adornar nuestros pies por una simple cuestión estética. Sin embargo, parece que nos hemos olvidado de lo obvio, de que podemos caminar y correr con calzado pero también descalzos. Esa la manera original de hacerlo. Nuestros pies vienen equipados con una fascia plantar fuerte y elástica que conecta con el tendón de Aquiles y que nos permite recorrer largas distancias sin necesidad de un calzado que amortigüe nuestros pasos. Porque nuestro sistema de amortiguación natural, si no dejamos que se atrofie, supera con creces la capacidad de protección que puede ofrecer cualquier compuesto sintético añadido en el talón de la más sofisticada de las zapatillas de correr.