viernes, 13 de mayo de 2016

Y si llueve dentro…

Hace unos meses compré por internet una chaqueta impermeable y transpirable. Azul.

Hace un tiempo salí a correr bajo la lluvia por el monte con mi chaqueta azul y los pies descalzos. 

En el momento en el que más disfrutaba de las sensaciones que me aportaba el suelo blando y mojado algo se clavó en mi pie y el barro se volvió rojo, sólo un poco rojo. Tenía clavada una pequeña rama con grandes espinas. Al sacarla todo volvió a estar bien. 

Seguí corriendo y llegué a casa con una nueva aventura más que contar. Mis pies eran invencibles y las piernas comenzaban a sentir que también lo eran. 

Pasaron los días y dejó de llover. Pasó también el invierno seco y estéril, sin frío. Y llegaron los días en los que el sol gana y las noches menguan y con ellos volvió la lluvia. 

Hoy tengo una chaqueta azul impermeable y transpirable guardada en un cajón. Llueve a mares pero no me la pondré porque sé que no podrá protegerme. 

A veces la lluvia moja por dentro y el azul se vuelve rojo. A veces, sólo a veces, la lluvia moja demasiado y las chaquetas impermeables no sirven. 

martes, 12 de enero de 2016

2015, cuando me hice mayor

Campanadas, sonrisas y buenos deseos. Estrenamos nuevo año mientras el eco de los sonidos de 2015 todavía resuena en mi cabeza. 

2015 fue un año tímido, sin el fulgor deslumbrante de su antecesor 2014, año en el que conseguí, por ejemplo, correr mi primera ultramaratón de montaña calzada… con sandalias, por supuesto. No recuerdo grandes gestas deportivas en el año que acaba de terminar y en cambio pienso que ha sido un año de gran importancia en mi vida. 



viernes, 6 de noviembre de 2015

Cuando Segorbe se convirtió en la capital del descalcismo

I Trofeo Descalcista de Segorbe 

El pasado 11 de octubre se celebró el Primer Trofeo Internacional Descalcista de Segorbe. Un evento singular que llevó a 100 atletas adultos y 15 niños a la línea de salida para participar en un acontecimiento que sí, fue una competición atlética, pero también una fiesta del descalcismo. Fue organizada de manera impecable por el club de atletismo Saltamontes junto con la inestimable colaboración y respaldo del resto de la población de Segorbe que durante todo el fin de semana no dejó de dar muestras de su amabilidad a todos los que allí nos congregamos. A aquellos que no pudieron asistir y quieran saber más sobre lo que allí pasó les recomiendo que lean la crónica escrita por Emilio Sáez Soro, el principal impulsor de la iniciativa, porque en ella hace un buen resumen del fin de semana. Las líneas que vienen a continuación forman parte también de una crónica, mi crónica: una visión personal y subjetiva de lo sucedido en esos días en los que Segorbe se convirtió en la capital del descalcismo. 



sábado, 5 de septiembre de 2015

¿Nos vemos en Segorbe?

Subir una montaña. Caminar. Correr un trecho del camino. Son cosas que los humanos hacemos desde que somos humanos sea lo que sea que eso signifique. La evolución nos dotó de las herramientas adecuadas para desplazarnos sobre nuestras piernas recorriendo grandes trechos y, sin embargo, a diario sigo respondiendo la misma pregunta: ¿Por qué corres descalza? 

No es una pregunta que me moleste pero a veces pienso que por muchas palabras que gaste en dar explicaciones seguiré sin conseguir hacerme entender del todo. Caminar erguidos es algo propio de los humanos, pero entender que somos capaces de hacerlo descalzos es algo que va más allá. Todos los animales podemos ir descalzos. La mayoría de los humanos elegimos proteger nuestros pies de la abrasión, el frío o el calor y también podemos optar por vestir y adornar nuestros pies por una simple cuestión estética. Sin embargo, parece que nos hemos olvidado de lo obvio, de que podemos caminar y correr con calzado pero también descalzos. Esa la manera original de hacerlo. Nuestros pies vienen equipados con una fascia plantar fuerte y elástica que conecta con el tendón de Aquiles y que nos permite recorrer largas distancias sin necesidad de un calzado que amortigüe nuestros pasos. Porque nuestro sistema de amortiguación natural, si no dejamos que se atrofie, supera con creces la capacidad de protección que puede ofrecer cualquier compuesto sintético añadido en el talón de la más sofisticada de las zapatillas de correr. 




miércoles, 15 de abril de 2015

Algunas cosas que he aprendido corriendo descalza

El mejor calzado para empezar es ninguno 


Tres años corriendo descalza-minimalista me sirven para constatar que la perseverancia tiene premio. Con el tiempo no sólo mis pies se han habituado a correr descalzos. Los niños, adultos y perros del vecindario también se han acostumbrado a verme trotar sin zapatillas y no sólo ya no me miran de manera reprobatoria sino que algunos han comenzado a mostrar interés por el tema. Los hay que me preguntan por qué lo hago y otros, pocos, preguntan sobre cómo empezar y qué tipo de calzado es el mejor. Mi respuesta es breve: el mejor calzado para empezar es ninguno. 

Resulta curioso lo dispuestos que estamos a comprar cosas. Debe ser cosa de la presión social pero lo primero en lo que pensamos cuando queremos comenzar una nueva actividad deportiva es en comprar el material necesario para practicarla. Si queremos iniciarnos en las cosas del correr pensamos que lo más importante es comprar unas zapatillas adecuadas a nuestro tipo de pisada. Ése es el primer consejo que nos dan los “expertos” inmersos en el paradigma de la amortiguación y es lo primero en lo que pensamos también cuando nos decidimos a probar esto del barefoot. 


Calzado minimalista. ¿Quién dijo que los minimalistas no usamos calzado?

lunes, 12 de enero de 2015

El no-reto deportivo

Despedí el 2014 corriendo mi particular San Silvestre sola y descalza por las calles cada día un poco menos frías, cada día un poco menos ásperas, de mi ciudad. Sin obstáculo entre mis pies y la tierra fui soltando en cada paso el lastre acumulado durante 365 días. Horas corriendo, estudiando, llorando y riendo condensadas en 40 minutos de trote. Punto final y nuevo interlineado para un nuevo párrafo aún por escribir.

2015 comienza en una línea de salida superpuesta a la silueta borrosa de líneas anteriores. Una salida y una meta para una carrera nueva. 365 días llenos de sueños y proyectos pero sin objetivos deportivos concretos.


martes, 16 de diciembre de 2014

Las ventajas de lesionarse

Muchos de los que corremos descalzos-minimalistas comenzamos a hacerlo por las lesiones. Para algunos, entre los que me incluyo, el descalcismo fue una solución extrema a un problema extremo, la última oportunidad del desahuciado que se agarra a un clavo ardiendo y descubre, con sorpresa, que tras ese clavo, que por cierto no quema, hay todo un mundo nuevo por descubrir. 

Tres años después de agarrarme a ese clavo sigo aquí, a ratos descalza, a ratos calzada, siempre minimalista y libre de lesiones. O casi. 



Lesiones y minimalismo 


Durante este tiempo corriendo minimalista no he tenido ninguna lesión importante que me haya hecho replantearme el camino emprendido, pero mentiría si dijera que no me he lesionado. La mayoría de las veces el motivo ha sido el deseo de saltarme etapas, de querer correr más y más deprisa cuando mi cuerpo no estaba preparado para ello. Otras lesiones han tenido que ver con mi historial previo; los cartílagos de mis rodillas ya no pueden arreglarse después de toda una vida haciendo las cosas mal, mi estructura ósea y muscular es débil después de una vida comiendo gluten… Todas lesiones lógicas pero al fin y al cabo lesiones. 

Desde que corro barefoot son muchas las cosas que han cambiado en mi relación con “las cosas del correr”. Lo más obvio es la simplificación de la infraestructura mínima que necesito, que antes consistía en, además de mis zapatillones super-amortiguados, pantorrilleras de compresión, medias de reposo y cintas para las rodillas. Y lo menos visual pero quizás más importante ha sido un cambio en mi manera de percibir, pensar y en definitiva vivir que creo que va más allá de cuánto y cómo corro.